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Los imanes de neodimio son más potentes pero frágiles, mientras que los de ferrita son mucho más resistentes y difíciles de sufrir fragmentación.

Los imanes inyectados son un tipo de imanes mucho más resistentes a cualquier tipo de corrosión que los materiales sintetizados. 

Se puede volver a magnetizar un imán frotando un polo del neodimio, por ejemplo, contra el polo opuesto del imán viejo, repitiendo así con el otro lado y consiguiendo el efecto buscado. 

El calor afecta a los imanes porque confunde y desalinea los dominios magnéticos, haciendo que el magnetismo disminuya.

Un imán permanente es un material que tiene la capacidad de resistir la desmagnetización y, esta habilidad, se caracteriza por un parámetro físico llamado coercitividad.

Los electroimanes se han convertido en una característica habitual de los dispositivos electrónicos y los procesos industriales.

Existe una buena variedad de aplicaciones para las cintas magnéticas, sin darnos cuenta.

El proceso de magnetización de un imán es uno de los últimos pasos en la fabricación.

Las últimas décadas del siglo XX y las dos primeras del siglo XXI nos han traído un auge de los sistemas robotizados que han transformado la forma en la que hacemos las cosas y han colocado a los imanes en el centro de todos los nuevos procesos productivos.

Los imanes tienen multitud de usos, de lo más importante a lo más banal; de lo más industrial a lo más personal. 

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