"No sabemos si en un futuro los automóviles volarán, pero sí que circularán de forma autónoma con la ayuda de materiales magnéticos"

Aunque se ha demostrado que el concepto de los automóviles voladores se puede llevar a la práctica, la implementación de una tecnología tan audaz e innovadora podría llegar a ser compleja, costosa y limitada por los requisitos que suponen para el conductor, llegar a tener licencia de conducción. Además, la implementación a gran escala de automóviles voladores requiere un replanteamiento completo de cómo circularían por encima de nuestras ciudades. 

 


En este contexto, el concepto de vehículos autónomos tiene muchas más posibilidades. Aunque ha habido un progreso significativo, los desafíos que enfrenta el manejo autónomo son aún mayores, ya que los vehículos autónomos deberán ser capaces de: 

• Saber dónde están 
• Identificar a los usuarios de la carretera, peatones y obstáculos 
• Anticipar maniobras 
• Evitar colisiones
• Circular por las carreteras existentes 
• Acelerar, reducir la velocidad y parar 

Un factor limitante es la capacidad que tienen los vehículos autónomos para reconocer su ubicación con precisión. Varias tecnologías de orientación estarían en funcionamiento, incluyendo sistemas de cámara y radar, ambos compatibles con el GPS. Aunque es una opción viable, se necesita un mayor desarrollo, y no está claro qué sistema de orientación ofrecerá la mejor solución, especialmente en condiciones de escasa visibilidad. 

Hasta el momento, los imanes de automoción eran utilizados para sistemas con sensores en vehículos autónomos, y no nos dimos cuenta que podrían tener un papel importante en la conducción autónoma. Hasta que Volvo usó los productos magnéticos para guiar un vehículo de prueba.


El uso de imanes de automoción puede simplificar y mejorar los sistemas autónomos

Volvo estaba preocupado por las limitaciones de los sistemas de orientación y posicionamiento existentes, por qué no eran precisos y se confundían fácilmente en condiciones meteorológicas adversas. Su solución fue trabajar con un fabricante de la industria magnética e instalar pequeños productos magnéticos de ferrita y neodimio en forma de disco en la carretera. Creando un campo magnético detectado por sensores conectados a un automóvil, y de esta manera, el vehículo podía determinar su posición.


 
Una de las dificultades a las que se enfrentaban es que los sensores convencionales de campo magnético están limitados a un máximo de tres lecturas por segundo, una frecuencia demasiado baja para guiar un vehículo que se mueve tan rápido. Lo que hicieron fue desarrollar una plataforma de cinco unidades de sensor para combinar la salida de 15 módulos de sensor más pequeños. Esta unidad tiene la capacidad de recoger 500 lecturas por segundo, más que suficiente para guiar un vehículo que viaja a velocidades de autopista. 

Para probar el sistema, el fabricante del imán enterró los imanes con un patrón predeterminado, 200 mm por debajo de la superficie a lo largo de una carretera de asfalto de 100 metros. El automóvil que llevaba sensores de campo fue conducido sobre los imanes a varias velocidades. Estableció que estos imanes podían guiar el vehículo con una precisión de 100 mm. Además, se detectó que estos sistemas de imanes de guía automotriz que funcionaban incluso cuando estaban cubiertos por nieve y hielo, que son condiciones que confunden a otros sistemas de guía. 

Esta no fue la primera vez que se probó esta idea. Anteriormente, los investigadores de UC Berkeley guiaron con precisión un autobús de 18 metros de largo durante una ruta de 1,6 km usando imanes. 

El uso de un imán industrial para guiar vehículos autónomos ofrece varios beneficios como: 

• Bajo coste 
• Simplicidad 
• Exactitud 
• Confiabilidad 

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